Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz

 

Amigos y compañeros:

 

La Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz, haciendo suyo el discernimiento del Observatorio Eclesial, uno de nuestros núcleos de reflexión, se dirige como siempre a todo el pueblo creyente que peregrina en nuestra patria, pero en esta ocasión en particular a nuestros pastores para con ellos interpelarnos sobre la pastoral de nuestras iglesias particulares desde la palabra del Papa Francisco.

 

La reciente visita del Papa Francisco a Colombia fue una ocasión maravillosa para volver a oír las palabras del Papa, nuestro papa latinoamericano, pisando tierras de nuestro continente y hablándonos a todos sobre la realidad que nos rodea y de la marcha hacia la esperanza, con ese lenguaje suyo, tan nuevo, tan desafiante y reconfortante a la vez.

 

De todos esos discursos (a los obispos colombianos; a los jóvenes; a los fieles que asistieron masivamente a sus misas en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena; a las víctimas del conflicto; a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y sus familias, y otros) este grupo de cristianas y cristianos que formamos la Subcomisión de Observatorio Eclesial de la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz hemos reflexionado en conjunto y atesoramos de manera particular las palabras que dirigió el Papa Francisco a los obispos miembros del Comité Ejecutivo del Celam, en la Nunciatura Apostólica el 7 de septiembre.

 

Al hablarles a ellos, el Papa habla a todos los obispos y pastores de América Latina, que tienen en el Celam “una referencia vital para la comprensión y la profundización de la catolicidad latinoamericana”. Francisco recordó que ya hace cuatro años en Río de Janeiro se refirió a la misión continental de la Iglesia “que quiere ser no la suma de iniciativas programáticas que llenan agendas y también desprecian energías preciosas, sino el esfuerzo para poner la misión de Jesús en el corazón de la misma Iglesia”.

 

Nos llamaron la atención muchos puntos de este discurso, pero, en especial, la fe que tiene el Papa en el pueblo latinoamericano, al que encuentra fuerte “exactamente en sus sueños, en sus mitos, a pesar de los numerosos desencantos y fracasos”; cuya “unidad sapiencial” conoce la Iglesia, la cual “convive cotidianamente con aquella reserva moral sobre la que se apoya el edificio existencial del continente”. Por eso les pide a los pastores y nos pide a todos los que somos Iglesia, “dialogar continuamente” con esa sabiduría y esa moral del pueblo. “No podemos perder el contacto con este sustrato moral con este humus vital que reside en el corazón de nuestra gente, en el que se percibe la mezcla casi indistinta, pero al mismo tiempo elocuente, de su rostro mestizo”.

 

A todos nos compromete esa misión que el Papa recordó que la Iglesia tiene en nuestro continente: la de ser sacramento de esperanza, frente a un pueblo que “ha aprendido que ninguna desilusión es suficiente para doblegarlo”, que “permanece a la espera de su victoria porque ––en el fondo–– tiene conciencia de que no pertenece totalmente a este mundo”. Una misión en la que es necesario “vigilar sobre la concretización de esa esperanza”.

 

El Papa recordó con acierto maravilloso los rostros visibles que tiene esta iglesia latinoame-ricana. Nos conmovió que el Papa sepa que “la esperanza en América Latina tiene un rostro joven” y “un rostro femenino”. Dice cosas hermosísimas de los jóvenes y las mujeres y les pide a ustedes, señores miembros del episcopado, que a los primeros “les abran espacios concretos en las Iglesias particulares que les han sido confiadas, inviertan tiempo y recursos en su formación”, y que comprendan, respeten, valoricen, promuevan “la fuerza eclesial y social de cuanto realizan” las segundas. Las palabras sobre estas últimas son vehementes: “Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la obtendremos sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas de la Iglesia latinoamericana”.

 

El clericalismo que infantiliza a los laicos debe ser superado, dice Francisco, quien asevera que “la esperanza en América Latina pasa a través del corazón, la mente y los brazos de los laicos”, los que deben concretar su labor en el desarrollo, la democracia, la superación de la pobreza, la construcción de una prosperidad inclusiva y otras tareas, con la mira siempre puesta en la sostenibilidad de nuestra casa común, la Tierra, “el rechazo a la violencia y la defensa de la paz”. Y “algo más”, dice el Papa, “la esperanza debe siempre mirar al mundo con los ojos de los pobres y desde la situación de los pobres”, por lo que condena en duros términos a la “riqueza autosuficiente”.

 

No ha sido nuestro afán repetir la alocución del Papa, pero, ya que él mismo les pide no conformarse “con retóricas u opciones escritas en los planes pastorales jamás puestos en práctica”, queremos humildemente preguntarles, ¿cómo van a cumplir ustedes como pastores de la Iglesia ecuatoriana estos lineamientos pontificios? ¿Qué cambios va a haber en la Iglesia ecuatoriana para dar mayor papel a los jóvenes, a las mujeres, a los laicos, a los pobres?  ¿Van ustedes a adoptar en sus diócesis este discurso programático del papa como orientación básica de su trabajo o se lo van a guardar como una hermosa pieza oratoria sin aplicación práctica?

Es nuestro deber, como hijos pero no como niños, interpelarles, sin ninguna pretensión sino con “la sencillez cristiana” que el Papa reclama en este “difícil y confuso pero provisorio momento que vivimos”.

De ustedes, con el mayor cariño y respeto.

 

(Gonzalo Ortiz Crespo. Moderador                     Margoth Estrella, Secretaria relatora).

 

Solidariamente

Enrique Galarza Alarcón

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